Mutismo selectivo
Actualizado: · Código CIE-10: F94.0
Síntomas
El mutismo selectivo puede comenzar a cualquier edad, pero lo más frecuente es que se inicie en la primera infancia, entre los 2 y los 4 años. A menudo se detecta por primera vez cuando el niño empieza a relacionarse con personas ajenas a la familia, por ejemplo al entrar en la guardería o en el colegio.
El principal signo de alerta es el marcado contraste en la capacidad del niño para interactuar con distintas personas, caracterizado por un silencio repentino y una expresión facial rígida cuando se espera que hable con alguien fuera de su zona de confort.
Puede evitar el contacto visual y mostrarse:
- nervioso, inquieto o incómodo en sociedad
- maleducado, desinteresado o hosco
- dependiente de sus padres
- tímido y retraído
- rígido, tenso o con mala coordinación
- testarudo o agresivo, con rabietas al volver del colegio o al enfadarse cuando sus padres le preguntan
Los niños con más confianza que padecen mutismo selectivo pueden utilizar gestos para comunicarse, por ejemplo, asentir con la cabeza para decir «sí» o negar con la cabeza para decir «no».
Pero los niños más gravemente afectados tienden a evitar cualquier forma de comunicación, ya sea hablada, escrita o gestual.
Algunos niños pueden llegar a responder con unas pocas palabras o hablar con una voz alterada, por ejemplo susurrando.
Causas y factores de riesgo
Los expertos consideran el mutismo selectivo como un miedo (fobia) a hablar con ciertas personas. La causa no siempre está clara, pero se sabe que está asociada a la ansiedad.
El niño tendrá generalmente una tendencia a la ansiedad y tendrá dificultades para afrontar con facilidad los acontecimientos cotidianos.
Muchos niños se alteran demasiado para hablar cuando se separan de sus padres y transfieren esta ansiedad a los adultos que intentan tranquilizarlos.
Si tienen un trastorno del habla y del lenguaje o un problema de audición, esto puede hacer que hablar sea aún más estresante.
Algunos niños tienen dificultades para procesar la información sensorial, como los ruidos fuertes y las multitudes en las reuniones, una afección conocida como disfunción de la integración sensorial.
Esto puede hacer que se «bloqueen» y no puedan hablar cuando se sienten abrumados en un entorno abarrotado. De nuevo, su ansiedad puede transferirse a otras personas en ese entorno.
Cuando el mutismo aparece como un síntoma de estrés postraumático, sigue un patrón muy diferente, y el niño deja de hablar bruscamente en entornos donde antes no tenía ninguna dificultad.
Tener mutismo selectivo no significa que sea autista, ya que son dos afecciones distintas. Pero puede tener mutismo selectivo y, al mismo tiempo, ser autista.
El autismo presenta otros signos y síntomas, como comportamientos repetitivos y problemas sensoriales, así como dificultades de comunicación.
Diagnóstico y pruebas
Sin tratamiento, el mutismo selectivo puede conducir al aislamiento, a una baja autoestima y a un trastorno de ansiedad social. Puede persistir en la adolescencia y en la edad adulta si no se trata.
Diagnóstico en el niño
Un niño puede superar con éxito el mutismo selectivo si se diagnostica a una edad temprana y se trata de manera adecuada.
Es importante que el mutismo selectivo sea reconocido pronto por las familias y las escuelas, para que puedan colaborar para reducir la ansiedad del niño. El personal de las guarderías y de las escuelas puede recibir formación para poder ofrecer un apoyo adaptado.
Si sospecha que su hijo presenta mutismo selectivo y no hay ayuda disponible o existen preocupaciones adicionales – por ejemplo, el niño tiene dificultades para comprender las instrucciones o para seguir las rutinas – hable con su médico de familia, que podrá orientarle hacia un especialista para un diagnóstico formal.
También puede contactar directamente con un centro de logopedia. No acepte la idea de que el niño va a superar esta etapa o de que es «simplemente tímido».
Su hijo también puede necesitar consultar a un especialista en salud mental o a un psicólogo escolar.
Es posible que el especialista quiera hablar primero con usted sin la presencia del niño, para que pueda hablar libremente de cualquier inquietud sobre el desarrollo o el comportamiento de su hijo.
Querrá saber si existen antecedentes de trastornos de ansiedad en la familia y si algo causa sufrimiento, como una rutina alterada o la dificultad de aprender una segunda lengua. También examinará las características conductuales y elaborará una historia clínica completa.
Una persona con mutismo selectivo puede no ser capaz de hablar durante la evaluación, pero el especialista debe estar preparado para ello y dispuesto a encontrar otro medio de comunicación.
Por ejemplo, puede animar a un niño con mutismo selectivo a comunicarse a través de sus padres, o sugerir a los niños mayores o a los adultos que escriban sus respuestas o utilicen un ordenador. Puede observar al niño jugando o ver un vídeo de él hablando en un entorno cómodo.
Diagnóstico en el adulto
Es posible que los adultos superen el mutismo selectivo, aunque pueden seguir sintiendo los efectos psicológicos y prácticos de los años pasados sin interacción social o sin haber podido alcanzar su potencial académico o profesional.
Idealmente, los adultos deberían recibir seguimiento de un especialista en salud mental con acceso al apoyo de un logopeda u otro profesional experimentado.
Criterios diagnósticos
El mutismo selectivo se diagnostica según criterios específicos. Estos incluyen observaciones sobre la persona afectada, como las siguientes:
- no habla en situaciones específicas, como durante las horas de clase o cuando puede ser oída en público
- puede hablar con normalidad en situaciones en las que se siente cómoda, como cuando está sola con sus padres en casa, en un aula vacía o en su habitación
- la incapacidad de hablar con ciertas personas ha durado al menos 1 mes (2 meses en un entorno nuevo)
- la incapacidad de hablar interfiere con su capacidad para desenvolverse en ese entorno
- la incapacidad de hablar no se explica mejor por otro trastorno del comportamiento, mental o de la comunicación
Tratamiento
Con un enfoque y un tratamiento adecuados, la mayoría de los niños logran superar el mutismo selectivo. Pero cuanto mayores son en el momento del diagnóstico, más tiempo llevará.
La eficacia del tratamiento dependerá de:
- desde cuándo presenta la persona un mutismo selectivo
- si presenta o no dificultades adicionales de comunicación o de aprendizaje, o trastornos de ansiedad
- la cooperación de todas las personas implicadas en la educación y la vida familiar de la persona
El tratamiento no se centra en el habla en sí misma, sino en la reducción de la ansiedad asociada al hecho de hablar.
Esto empieza por eliminar la presión ejercida sobre la persona para que hable. Después, debería progresar gradualmente, desde sentirse cómodo en la escuela, en la guardería o en el entorno social, hasta pronunciar palabras y frases sueltas a una sola persona, antes de poder finalmente hablar con libertad con todas las personas en todos los entornos.
La necesidad de un tratamiento individual puede evitarse si la familia y el personal de los centros de educación infantil trabajan juntos para reducir la ansiedad del niño, creando un entorno positivo para él.
Esto significa:
- no dejar que el niño vea que usted está ansioso/a
- asegurarle que podrá hablar cuando esté preparado
- centrarse en el disfrute
- elogiar todos los esfuerzos del niño por unirse a los demás e interactuar con ellos, como dar y recibir juguetes, asentir con la cabeza y señalar con el dedo
- no mostrar sorpresa cuando el niño hable, sino responder con calidez, como lo haría con cualquier otro niño
Además de estos cambios en el entorno, los niños mayores pueden necesitar un apoyo individual para superar su ansiedad.
Terapia cognitivo-conductual
La terapia cognitivo-conductual (TCC) ayuda a la persona a centrarse en cómo se percibe a sí misma, al mundo y a los demás, y en cómo la percepción de estas cosas afecta a sus pensamientos y sentimientos. La TCC también cuestiona los miedos y las ideas preconcebidas mediante una exposición gradual.
Terapia conductual
La terapia conductual se centra en combatir las dificultades actuales, utilizando un enfoque gradual, paso a paso, para ayudar a vencer los miedos.
Técnicas
Existen varias técnicas basadas en la TCC y la terapia conductual que son útiles en el tratamiento del mutismo selectivo. Pueden utilizarse simultáneamente por la persona afectada, los miembros de su familia y el personal escolar, posiblemente bajo la dirección de un logopeda o un psicólogo.
Exposición gradual
En la exposición gradual, las situaciones que provocan menos ansiedad se abordan en primer lugar. Con objetivos realistas y una exposición repetida, la ansiedad asociada a estas situaciones disminuye hasta un nivel manejable.
Se anima a los niños mayores y a los adultos a evaluar el nivel de ansiedad que les causan diferentes situaciones, como responder al teléfono o preguntar la hora a un desconocido.
Atenuación del estímulo
En la atenuación del estímulo, la persona con mutismo selectivo se comunica con facilidad con alguien, como su progenitor, cuando no hay ninguna otra persona presente.
Se introduce progresivamente a otra persona en la situación y, una vez que se incluye en la conversación, el progenitor se retira. La nueva persona puede introducir a otras personas de la misma manera.
Moldeamiento
El moldeamiento implica el uso de cualquier técnica que permita a la persona producir progresivamente una respuesta más cercana al comportamiento deseado.
Por ejemplo, empezar por la comunicación no verbal, pasar gradualmente al contacto visual, pronunciar palabras cortas y después frases más largas y, finalmente, una conversación bidireccional.
Refuerzo positivo y negativo
El refuerzo positivo y negativo implica responder favorablemente a todas las formas de comunicación y procurar no fomentar, sin querer, la evitación y el silencio.
Si el niño sufre presión para hablar, sentirá un gran alivio cuando pase el momento, lo que reforzará su convicción de que hablar es una experiencia negativa.
Desensibilización
La desensibilización es una técnica que consiste en reducir la sensibilidad de la persona al hecho de que otras personas oigan su voz, compartiendo grabaciones de audio o vídeo.
Por ejemplo, el correo electrónico o la mensajería instantánea podrían evolucionar hacia un intercambio de grabaciones de voz o mensajes de voz, y después hacia una comunicación más directa, como las conversaciones telefónicas o las videollamadas.
También puede grabar a su hijo en casa y animarle a verse o escucharse hablar.
Medicamentos
Los medicamentos solo son realmente adecuados para niños mayores, adolescentes y adultos cuya ansiedad ha conducido a una depresión y a otros problemas.
Los medicamentos nunca deberían prescribirse como alternativa a los cambios en el entorno y a los enfoques conductuales. Sin embargo, algunos profesionales sanitarios recomiendan el uso de una combinación de medicamentos y terapias conductuales en adultos con mutismo selectivo.
No obstante, los antidepresivos pueden utilizarse como complemento de un programa de tratamiento para reducir el nivel de ansiedad, especialmente si los intentos anteriores para implicar a la persona en el tratamiento han fracasado.
Vivir con la enfermedad
Dificultades asociadas
Un niño con mutismo selectivo suele presentar otros miedos y angustias sociales, y también puede tener dificultades adicionales del habla y del lenguaje.
A menudo es prudente a la hora de hacer cualquier cosa que llame la atención sobre él, porque piensa que, si actúa así, la gente esperará que hable.
Por ejemplo, un niño puede no dar lo mejor de sí mismo en la escuela después de ver cómo se invita a otros niños a leer en voz alta sus buenos trabajos, o puede tener miedo de cambiar su rutina por temor a que eso provoque comentarios o preguntas. Muchos tienen un miedo general a equivocarse.
Pueden producirse pérdidas de orina («accidentes») e infecciones urinarias debido a la incapacidad de pedir permiso para ir al baño y a la retención de orina durante horas. Los niños en edad escolar pueden evitar comer y beber durante el día para no tener que pedir permiso para salir de clase.
Los niños pueden tener dificultades con los deberes o con ciertas asignaturas porque no pueden hacer preguntas en clase.
Los adolescentes pueden no desarrollar su independencia porque tienen miedo de salir de casa sin ir acompañados. Y los adultos pueden no obtener titulaciones porque no pueden participar en la vida universitaria ni pasar entrevistas después.
Consejos para los padres
- No presione al niño ni lo soborne para animarlo a hablar.
- Dígale a su hijo que comprende que tiene miedo de hablar y que a veces le cuesta expresarse. Dígale que puede dar pequeños pasos cuando se sienta preparado y asegúrele que hablar le resultará más fácil.
- No elogie al niño en público por haber hablado, ya que puede provocarle vergüenza. Espere a estar a solas con él y considere una recompensa especial por su logro.
- Asegure a su hijo que la comunicación no verbal, como sonreír y saludar con la mano, es aceptable hasta que se sienta mejor con la idea de hablar.
- No evite las fiestas ni las visitas familiares, pero piense en los cambios del entorno necesarios para que la situación sea más cómoda para su hijo.
- Pida a sus amigos y familiares que dejen al niño tiempo para adaptarse a su propio ritmo y que se centren en actividades divertidas, en lugar de presionarlo para que hable.
- Además de palabras tranquilizadoras, ofrézcale amor, apoyo y paciencia.
Fuentes: NHS (Open Government Licence v3.0).